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Buscando Justicia y Paz Entre los Pueblos de las Iglesias Orientales 

La Iglesia Católica denuncia las graves violaciones del derecho internacional humanitario, pide acceso sin restricciones a la ayuda para las víctimas de la guerra, elogia la respuesta de las agencias de ayuda para la defensa de la dignidad de toda vida humana y enfatiza la necesidad de empatía y diálogo si se busca justicia y paz.

La Santa Sede y UNRWA.  Vatican News ha informado que la Santa Sede “ha reafirmado su apoyo financiero a la Agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados de Palestina en el Cercano Oriente (UNRWA), describiendo a la agencia como un ‘salvavidas esencial’ para millones de refugiados Palestinos” y ha instado a la “comunidad internacional a garantizar que su trabajo pueda continuar sin obstáculos”.

Durante décadas, Israel ha cuestionado la neutralidad y objetividad de la mayor organización humanitaria de la ONU en Gaza y Cisjordania, alegando que miembros de Hamás se han infiltrado en la UNRWA y han colaborado en la planificación de los ataques del 7 de octubre de 2023 en Israel. En consecuencia, la Knesset prohibió la entrada de la UNRWA en Israel. 

La Misión Permanente de Observadores de la Santa Sede ante las Naciones Unidas se dirigió al Comité Ad Hoc de la Asamblea General de la ONU para el Anuncio de Contribuciones Voluntarias a la UNRWA el 30 de junio, y “expresó profunda preocupación por la situación humanitaria en los territorios palestinos ocupados, especialmente en Gaza, donde los civiles continúan soportando violencia, desplazamientos y graves dificultades”, informó Vatican News.

Una mujer en medio de un camino de tierra, rodeada de edificios destruidos.
Las calles del barrio de Zeitoun, al sureste de la ciudad de Gaza, han sido arrasadas, y el movimiento de los residentes es limitado debido a la proximidad de la zona al ejército israelí. (foto: Diaa Ostaz)

“Durante más de siete décadas, la UNRWA ha proporcionado educación, atención sanitaria, asistencia alimentaria y servicios sociales”, afirmó la Misión Permanente, subrayando que no solo ofrece ayuda tangible, sino “la oportunidad de vivir con dignidad”.

Condenando la muerte de personal de la UNRWA y los ataques militares a sus instalaciones que albergaban a civiles, la Santa Sede señaló que “tales actos agravan el sufrimiento de quienes ya viven en condiciones precarias y constituyen una grave violación del derecho internacional humanitario”.

Como muestra de su “expresión concreta de solidaridad con los refugiados palestinos y confianza en la misión humanitaria de la agencia”, la Santa Sede renovó su compromiso anual con UNRWA, afirmando que UNRWA requiere “un apoyo adecuado, predecible y sostenible” para cumplir su mandato con eficacia. 

Según Vatican News, la Santa Sede “subrayó que el trabajo de la agencia debe seguir guiado por los principios de humanidad, neutralidad, imparcialidad e independencia”. También “reafirmó la importancia de salvaguardar el mandato de UNRWA, recordando que la agencia fue establecida por la Asamblea General de las Naciones Unidas en 1949”, y que cualquier discusión sobre su futuro debería llevarse a cabo dentro de un marco multilateral y no mediante medidas unilaterales.

El Papa León a las Agencias de Ayuda.  El pedido de la Santa Sede a marcos multilaterales, asociaciones, diálogo y discusión a través de su Misión Permanente de Observadores ante las Naciones Unidas refleja las palabras del Papa León XIV en su discurso del 18 de junio en Roma a las agencias católicas de financiación que trabajan con el Dicasterio para las Iglesias Orientales, entre las que se encuentra CNEWA. 

“Queridísimos”, dijo, “al observarlos y pensar en el servicio silencioso y benéfico que realizan, así como en los numerosos benefactores que, a través de ustedes, destinan recursos a quienes los necesitan, no puedo dejar de pensar en cuánto dinero, en este oscuro momento histórico, se desperdicia para matar, malgastado por tantos que fomentan las guerras”. Continuó:

Mientras ustedes generan vida, ellos siembran muerte; mientras ustedes tienden la mano al hermano, ellos encontrarán enemigos a quienes aplastar; mientras ustedes crean diálogos, ellos buscarán monólogos; mientras ustedes abren caminos de esperanza, ellos encierran a los pueblos en el miedo; mientras ustedes construyen el futuro, ellos destruyen el presente.

¿Cómo no pensar en la dolorosa hemorragia de cristianos orientales que abandonan sus propios territorios, causada ante todo por la guerra que, lo reitero, no resuelve problemas, sino que crea tragedias, tragedias que a menudo caen en el olvido general? Hija de la guerra, hay una plaga de la que quisiera hablar hoy y que sigue desangrando sobre todo a las Iglesias Orientales. La defino con una sola palabra: precariedad.

Cuando un visitante se dirige a un país que ha vivido conflictos sobre los que luego ha caído el silencio, las cosas pueden parecer, en general, tranquilas, aunque estén profundamente marcadas por los dramas del pasado. Sin embargo, esas sociedades se ven debilitadas por la inestabilidad de las instituciones, por la presencia de bandas armadas que se reparten el territorio, por una política condicionada y, no pocas veces, manipulada por agentes e intereses externos, que no opera con libertad, sino que se las arregla entre mil subterfugios, acuerdos secretos e intereses partidistas. Y así se genera una precariedad perenne, que sofoca las posibilidades de desarrollo y siempre recae sobre los pobres.

Esto hace que, en muchos países, el miedo y la inseguridad dominen en todas partes: el trabajo parece precario, el pago de los salarios es irregular, la atención médica, cuando funciona, es intermitente, y la educación es provisional. Y todo ello en detrimento de la gente común, de las familias, de los niños y los jóvenes, de los adultos mayores y de los enfermos. Se convierte en un drama que pesa sobre el corazón de todos, devora la esperanza e impide la construcción del futuro, fomentando la necesidad imperiosa de marcharse, como les sucede a tantos de nuestros hermanos y hermanas en la fe, especialmente en el Medio Oriente.

Quisiera hacer, una vez más, un llamado a reflexionar sobre las consecuencias de la guerra y la precariedad, y a prevenirlas con inteligencia y responsabilidad, porque todo esto no es fruto de un destino inevitable, sino de decisiones libres y, por lo tanto, de responsabilidades moralmente imputables. La historia demuestra cómo las tramas de la violencia y la prepotencia, del poder y el dominio, de las ganancias obtenidas sin justicia y sin escrúpulos, se vuelven no solo contra quienes las sufren, sino también contra quienes las persiguen. Oremos a Jesús, Señor de la paz, y exhortemos a las conciencias para que sean sensibles a la indignación; ¡y que se despierte el respeto por la humanidad y un debido sentido de la civilización!

Cardenal Pizzaballa y Palestina.  Quizá en ningún lugar del mundo al que sirve CNEWA las consecuencias de la guerra y la inestabilidad sean más evidentes que en Gaza. El lunes, en la Solemnidad de los Santos Pedro y San Pablo, el cardenal Pierbattista Pizzaballa, patriarca latino de Jerusalén, comentó su reciente visita al territorio devastado junto a su hermano patriarca, Teófilo III, quien sirve a la comunidad ortodoxa en toda Tierra Santa.

“Las ciudades han sido arrasadas, arrasadas, arrasadas”, dijo al recibir el Premio Limes de Diálogo y Paz por parte de la revista geopolítica italiana Limes, en Bérgamo, Italia.

Un grupo de médicos examina el pie herido de una mujer.
Los fondos asignados por CNEWA equiparon la unidad de quemados del Hospital Árabe Al-Ahli, gestionada por la Diócesis Anglicana de Jerusalén, en la ciudad de Gaza. (foto: CNEWA Jerusalén)

“Rafah ya no existe. Lo que más me llama la atención es viajar por caminos improvisados, entre tiendas de campaña y aguas residuales. Aquí es donde vive la gente de Gaza”, explicó.

“Algo que las imágenes no transmiten es el olor. Y una de las mayores plagas ahora mismo son las ratas, que muerden. Muerden a los niños sobre todo, y Gaza está llena de niños — los ves por todas partes, pero en vez de ir a la escuela, juegan, sucios, junto a las alcantarillas”.

“Aunque ahora puede entrar algo de comida”, continuó, “casi todo lo demás sigue prohibido. No se permiten bienes de doble uso. Y por uso dual incluso se refieren a pupitres escolares, lápices, cuadernos y el cristal necesario para las ventanas”. 

“Queremos reabrir las escuelas, pero nos falta casi todo. Intentamos apañárnoslas reciclando cualquier pieza que encontremos aquí y allá”.

“Los trabajadores de la salud me han dicho que lo que se necesita ahora mismo es personal formado para manejar el trauma psicológico que sufren niños y madres. Este es un asunto que debe abordarse con la sensibilidad que merece. Lo diré de forma poco diplomática”, añadió, “pero siento una profunda tristeza. Simplemente no lo entiendo”.

El dolor del patriarca se extiende a la Cisjordania ocupada, donde, dijo, “no existe el estado de derecho”.

“La ley no se aplica, y si se aplicara, no está destinada a los palestinos. A los colonizadores israelíes se les permite hacer cualquier cosa. Establecen controles por todas partes, talan árboles e impiden que la gente cultive su tierra. Las agresiones, robos e insultos se han convertido en sucesos cotidianos”.

No obstante, dijo el patriarca, la única vía a seguir, si se quiere lograr justicia y paz, es a través del diálogo. Y apeló a los medios como socios: “El periodismo que busca ayudar a la gente a entender es importante. Sigan hablando de esto y no sigan las tendencias pasajeras”.

“No debemos aislar a la gente. Se necesita empatía, comprensión, diálogo, sin levantar nuevas barreras. … Debes ayudarnos a salir de ese pozo y no dejarnos atrapados dentro”.

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