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Asociación Católica para el Bienestar del Cercano Oriente

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Una Carta Desde Etiopía

La iglesia es lo único que permanece entre la gente después de que todos los demás se han marchado.

A pesar del crecimiento económico de Etiopía en años recientes, las necesidades humanitarias siguen siendo significativas, con una alarmante inseguridad alimentaria causada por conflictos internos de carácter étnico y presiones geopolíticas externas.

El Programa Mundial de Alimentos informó en junio que “el conflicto se ha convertido en una de las principales causas del hambre y la desnutrición en Etiopía” y ha “perturbado gravemente la agricultura, el comercio y el acceso humanitario, dejando a millones de personas sin fuentes fiables de alimentos. Los enfrentamientos han provocado el desplazamiento de comunidades y la destrucción de cultivos e infraestructuras”.

Para quien lee estas noticias desde lejos, la situación puede parecer de poca importancia. O, las noticias sobre Etiopía no se difunden lo suficiente como para generar conciencia en la comunidad mundial. Pero para quien la vive a diario, esta situación es más aguda y dolorosa de lo que cualquier noticia puede transmitir.

Para quienes viven allí, afrontar el desafío cotidiano de la supervivencia es una realidad concreta.

La Iglesia católica en Etiopía vive y comparte los desafíos y sufrimientos diarios de las personas que piden ayuda a las puertas de sus instituciones. Al pensar en las religiosas y sacerdotes que sirven en tales realidades, percibo la firmeza de su entrega y su compromiso vital de permanecer siempre junto a quienes sufren. De veras, ellos se niegan a sí mismos y cargan con sus cruces de toda la vida (cf. Mt 16, 24).

Como director de la oficina regional de CNEWA en Etiopía, tengo el privilegio de visitar aldeas remotas donde la iglesia acompaña a quienes sufren; de estar cerca de religiosas y miembros del clero que dedican su vida, sin reservas, al servicio de los necesitados. A través de estas visitas, he aprendido de veras lo que significa la iglesia.

Cuando tengo noticias de sufrimientos en distintas zonas del país, llamo de inmediato a estos servidores de la iglesia para preguntarles por la situación. Y cuando los desafíos son graves, ellos llaman a mi oficina o se presentan en mi puerta sin previo aviso. ¡Qué doloroso es escuchar sus historias; oír su impotencia para atender las necesidades de quienes sufren debido a la falta de recursos económicos!

Mons. Peter I. Vaccari, presidente de CNEWA, me pidió un informe actualizado sobre la actual inseguridad alimentaria en Etiopía. Mi informe dio lugar al lanzamiento de una campaña de emergencia en mayo y al envío de fondos de emergencia, inicialmente $100.000, para aliviar la carga de la iglesia en esas zonas remotas y brindar esperanza a quienes padecen inseguridad alimentaria.

Me sentí privilegiado al poder responder, en nombre de CNEWA, a las necesidades de al menos tres lugares del norte de Etiopía afectados por conflictos, sequías y dificultades económicas.

La iglesia está bien establecida en estas zonas, donde lleva más de 50 años prestando servicios de educación y salud. Sin embargo, una crisis de hambre provocada por guerras inesperadas, conflictos étnicos, desplazamientos, crisis climáticas y dificultades económicas ha frenado sus iniciativas de desarrollo.

Cuando recibieron los fondos de emergencia en mayo, las religiosas identificaron rápidamente a las familias más necesitadas, compraron alimentos y artículos de primera necesidad, y organizaron la distribución de ayuda alimentaria de emergencia. Me invitaron a participar en esta distribución y pude escuchar las historias de estas familias. Eran desgarradoras.

En Mendida, la hermana Dinknesh Getachew me habló de una madre de tres hijos, entre ellos un bebé de cinco meses, que pasó varias noches sin comida en casa y sin nadie a quien pedir ayuda.

“Me apresuré a llegar hasta esta pobre mujer, toqué la puerta y le pedí que abriera”, dijo la hermana Dinknesh. “La respuesta desde el interior fue: ‘¿Quién es? ¿Viene a matarme a mí y a mi bebé?’”.

Con lágrimas en los ojos, la hermana Dinknesh respondió: “Soy una religiosa. Por favor, abra la puerta y venga a recibir alimentos de nuestra clínica”. ¡Qué conmovedora es esta historia!

Un hombre le entrega una bolsa de arroz y un galón de aceite a una mujer en la calle.
Argaw Fantu, a la izq., y la hermana Dinknesh Getachew, centro, ayudan con la distribución de alimentos en Mendida, al norte de Addis Abeba. (foto: CNEWA Ethiopia)

La clínica de nivel intermedio de Mendida ofrece múltiples servicios: alimenta a diario a 80 niños desnutridos, brinda atención médica a los enfermos y distribuye alimentos de emergencia para las personas más gravemente afectadas. Gracias al apoyo de CNEWA, más de 1.750 personas se beneficiarán de estas iniciativas.

En Arbaba, el padre cisterciense Tamiru Adugna colaboró ​​con las religiosas para identificar a las familias necesitadas y distribuir alimentos. Una viuda y sus cinco hijos, ahora desplazados y sin ingresos, se encuentran al borde de la desnutrición. Su esposo, el sustento de la familia, murió durante la guerra en Tigray. El apoyo de las Hijas de Santa Ana le ha dado la esperanza de poder subsistir durante los próximos tres meses. Con esta ayuda, las religiosas asisten a 30 familias gravemente afectadas.

Sin embargo, observo que las necesidades superan lo previsto y que la carga de atender las solicitudes de alimentos ha caído sobre de las religiosas.

En Edaga Hamus, donde las escuelas y el centro de salud de las religiosas fueron ocupadas por el ejército durante la guerra de Tigray, 400 familias encabezadas por mujeres acuden para beneficiarse del programa de distribución de alimentos de emergencia. Casi todas son madres jóvenes que sufren el trauma de la guerra y la actual y grave escasez de alimentos.

Durante estas visitas, un pensamiento doloroso cruzó mi mente: “¡Argaw! Tú estás aquí hoy de visita breve; el encuentro diario de las religiosas consiste en estar cerca de quienes sufren, contando con recursos escasos o, a veces, sin recurso alguno. Ellas están allí siempre, en los buenos y en los malos momentos. No abandonan a estas personas”.

Es un pensamiento difícil para mí. La siguiente pregunta es: ¿Cómo podemos estar más cerca de estas religiosas y de los sacerdotes que acompañan y sufren junto a quienes padecen sufrimiento? Estas servidoras, comprometidas a permanecer entre y con quienes sufren cuanto todos los demás se han marchado, representan la realidad viva de la iglesia. 

La respuesta inicial de emergencia alimentaria de CNEWA tenía como objetivo llegar a 6.180 personas. Según la actualización de junio del Programa Mundial de Alimentos, “más de 10 millones de personas se enfrentan al hambre aguda en Etiopía”.

Mis visitas recientes dan fe del creciente número de personas que sufren. Y gracias a la generosidad de amigos y donantes, podremos atender múltiples necesidades, incluida la de ayudar a la iglesia a mantenerse fiel a su misión de estar con quienes sufren y en medio de ellos. Porque en el día final, Dios nos preguntará: “¿Cómo respondiste cuando tuve hambre?”.

Conexión CNEWA

En mayo, CNEWA destinó una partida inicial de $100.000 para ayuda de emergencia a Etiopía, donde más de 10 millones de personas se enfrentan a altos niveles de desnutrición aguda o requieren una intervención inmediata para salvar sus vidas. En Mendida, se prevé que un programa de alimentación y atención médica para niños, administrado por la iglesia, y una distribución de alimentos de emergencia beneficien a más de 1.750 personas. En Gondar, 30 familias, en total 150 personas, reciben alimentos mensualmente y, en Edaga Hamus, un proyecto de nutrición de emergencia y atención materna está ayudando también a 1.750 personas.

Para ayudar a CNEWA a ampliar su programa de alimentación para los que padecen hambre en Etiopía, llame al 1-866-322-4441 (Canadá) o al 1-800-442-6392 (Estados Unidos), o visite cnewa.org/es/donacion/.

Conozca nuestro trabajo y manténgase informado del impacto que brinda su apoyo.

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