Cada día, miembros de las Misioneras Franciscanas de María visitan a los residentes de Jordania: enfermos, ancianos, vulnerables.
“Económicamente, todo se está encareciendo aquí, especialmente el costo de la vida”, dice la hermana Josiane Makdissi. Aunque la gente esté trabajando, muchos necesitan ayuda para llegar a fin de mes, añade.
La jordana Nabir Ahas intenta cuidar de sus padres ancianos —su madre tiene cáncer y Alzheimer— en una casa llena de moho por la humedad.
“A veces damos gracias a Dios e intentamos apañárnoslas con la comida que temenos”, dice. “A veces ni siquiera tenemos suficiente dinero para comprar una hogaza de pan”.
Osama Maradi, un refugiado iraquí que huyó a Jordania tras ser amenazado de muerte en Irak, dice estar “psicológicamente agotado”. A los refugiados iraquíes no se les permite trabajar, o serán deportados, por lo que dependen de la ayuda de la iglesia.
“Dios nos acompañará”, dice con un suspiro.
Mire el video de Raghida Skaff.
Lea más sobre lo que la iglesia está haciendo para ayudar a los residentes y refugiados en Jordania en el artículo de Laure Delacloche, “Una Fragilidad que se Agudiza«, en la edición de septiembre de ONE en español.